viernes, 26 de agosto de 2011

Episodios posteriores al consumo de alucinógenos

Y si te digo que no tengo otra cosa. Y si la descendencias de un astro conspiran para que pronto alucine con el rostro que en teoría debería acompañarme; me pregunto qué ocurre en el momento justo, cuando menos se espera. Me pregunto si forzar el orden lógico de un texto es realmente necesario para invocar un recuerdo, la memoria de un antes totalmente casual y carente de una significación superior. Todo viene aleatoriamente y se apila en algún punto de mi ser consciente para conspirar contra mí mismo.
Quizás es incorrecto este procedimiento por el cual anhelo aquello que nunca ha llegado; digo quizás, porque la realidad se me escapa en el instante justo en el que abandono el puerto seguro que me vincula con una península lejana, la de la cordura que me permite amanecer y ver por mi ventana como si el anoche fuese cosa del pasado, como si todo esto fuese no más que un viaje de hongos.
Y todo se acumula, y todo crece, y todo viene y va a ritmos dispares mientras me miento a mí mismo, evitando así el mal mayor que me supone estar completamente chalado una noche cualquiera en la que no se hace lo que se debería hacer. Resuena un nombre y no es un nombre cualquiera sino tu nombre que de vez en cuando se superpone, dejándome con un "¿por qué amanece?" y un "¿qué coño estoy haciendo?", de la mano de algún "esto no va bien" ocasional.
Quizás todo pase y mi anhelo de tener una vida quede enterrado en un anochecer antiguo que jamás podré recordar. Por ahora sólo tengo unos cuantos "tal vez".

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