jueves, 18 de agosto de 2011

Imágenes aleatorias

Académico: sujeto dispuesto a componer, a partir de retazos sueltos, la totalidad de los elementos que conforman los acontecimientos casuales gestados en el cruce de Gran de Gracia con la Plaza Lesseps. Uno y otro, cogidos con pinzas, van mezclándose y dando forma a una tarde de verano en la que las casualidades se hacen llamativas; como cualquier otra tarde, como cualquier otro instante de la vida de una ciudad catalana indeterminada (la falta de determinación no corresponde a la carencia de algún sustantivo que le denomine, sino a la falta de vinculación consciente de los elementos que asimila y que le dan una cierta forma: la que es propia de la indeterminación).
El balbuceo seudocastellano de los extranjeros de la mesa más próxima a la esquina superior derecha de la terraza del bar El Canario. En él vemos la total falta de conexión entre una realidad lingüística aparente y el uso coloquial que se hace de la misma. Se trata del resultado de la presencia francófona en un rincón de esta arteria vial. Franco-parlantes en tierras anti-franquistas que expresan ideas sueltas en lengua castellana.
Francés es también el sujeto que se acerca a la mesa del académico y le interroga con respecto a la disponibilidad del asiento conjunto al suyo (el de la esquina inferior izquierda de la mesa que éste ocupa). El hombre de letras detiene su estudio para dirigirse al sujeto que le interrumpe e indicarle, con un gesto ligero de su mano derecha (la cual ocupaba en la redacción de su trabajo de investigación), que, en efecto, está libre el asiento. El individuo extranjero procede así a ocupar dicho espacio, sentándose en la misma mesa que el académico y generando el momento incómodo que surge a partir de la falta de comprensión, por parte del estudioso, de la forma de proceder del individuo (es justo aclarar que el acuerdo por el cual se cede asiento se da, usualmente, sobre la base de la toma del puesto vacío y su posterior traslado a una mesa distante que carezca de dicho espacio).
El apartado de las lenguas queda cubierto con el habitáculo que componen dos chicas de habla alemana que se comunican entre ellas en su lengua nativa; ubicadas en la mesa central de la hilera central de la terraza, ambas comparten el centro de atención del lugar. El académico descubre que, como se podría sospechar por las cualidades físicas de ambos especímenes, todas las miradas de los individuos (incluyendo la del ocupante casual de la silla conjunta) de sexo opuesto a éstas se dirigen al punto que ambas comparten.
En la acera paralela, un grupo de jóvenes explotan a causa del éxtasis (un tanto repelente para el que les vea) que les genera el hábitat que comparten con otros de su misma especie; súbitamente, los jóvenes rompen en cantos y alabanzas a un ser supremo. Se trata de un sub-grupo de los llamados católicos, una especie caracterizada por su propensión a la emoción descontrolada y sin origen aparente. Si se les preguntase la razón de la algarabía, probablemente responderían con alguna referencia al dios al que le rinden culto en ceremonias un tanto pintorescas de diversa índole.
La presencia de los católicos genera un hábitat de contraste entre el ritual que se gesta a partir de la direccionalidad de miradas de tipología sexual hacia ese centro femenino y el ritual de apareamiento reprimido que supone la danza de chicas y chicos (castos en teoría) en alabanza a un ser supremo.
La exigente tarea de recolección de datos termina por abrumar al académico, hasta el punto en el que solicita un cortado largo al hombre pakistaní que atiende el bar El Canario, ubicado en el cruce de Gran de Gracia con Plaza Lesseps. El resultado que termina llevando, en texto, a su libreta de notas es el producto lógico de la mezcla acelerada de estímulos sensoriales con la colución de cafeína y leche que le llega a la mesa.

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